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octubre 29, 2021

Inventario

 Consigna de escritura #18

¡Viernes de consigna y tu cuerpo lo sabe! Esta vez les proponemos que hagan una lista de los objetos que los rodean. Vayan insertando, mezcladas, aquellas no-cosas que lxs habitan en este momento: sueños, deseos, amores, pensamientos, sensaciones.

Como siempre les decimos, pueden enviarnos sus textos a revistadelmatealaluna@gmail.com así los compartimos.

¡Buen fin de semana!


octubre 26, 2021

¡Agarrate, Avón! nuestros lectores escriben

Sin prisa pero sin pausa llega nuestra publicidad de esmaltes y labiales, para que este verano estemos hechas unas diosas. Este es el resultado de la última consigna:


Colores de cosméticos:

Línea : “las diosas veganas”

-La rosa de Sandro

-Rojo malbec

-Flor de violeta

-Lapicera de picasso

-Lágrima de palta

-Hoja de pino

-Fucsia chupete

-Ballena azul


El esmalte color lágrima de palta es un producto vegano y libre de crueldad animal. Además, hidrata las cutículas suavemente ya que posee entre sus ingredientes aceite de jojoba y vitamina A. Además, este color será tendencia durante el 2022.

El labial “la rosa de Sandro” es una labial de larga duración que no reseca la piel ya que posee aceite de coco y manteca de karite. Tiene hasta 24 hs de duración, soporta comidas y bebidas y hasta un llanto desconsolado.

Ariadna


1- frutos prohibidos

2- sabores de oriente

3- flores en la lejanía

4- verano en el campo

5- semillas del limonero

6- lluvia de primavera

7- rosquilla dulce

8- marinero de luces


2- sabores de oriente: preparate para besar con sabor a las exquisiteses del desierto: azafrán, cardamomo y cúrcuma en tus labios.


5- semilla de limonero: ideal para la hora del té


8- marinero de luces: para que tu marinero no extrañe el mar, este labial con sabor a sal y pescado.

Romina


¡Hasta la próxima consigna!

octubre 25, 2021

Los días como hoy

 

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Los días como hoy, me gusta subirme a un colectivo vacío, no importa el recorrido. Sentarme en el último asiento, colocar mis auriculares y viajar…
Viajar mirando quién sube, quién baja, tratar de adivinar si va a un encuentro amoroso, un compromiso inexcusable, o vuelve a casa.
Ver como las gotas impiden de a poco mi visión, distinguir los manchones como paraguas, disfrutar de no mojarme todavía y comer un caramelo de chocolate y menta…
A veces si el viaje es largo me duermo y, al despertar, trato de vislumbrar si el paisaje es conocido, si el tiempo ha cambiado un poco, si hay todavía algún compañero de viaje o si ya han cambiado todos, tomo coraje, me arropo y bajo.
Tiemblo un rato, me mojo un poco, me compro un café, busco la parada, me tomo el colectivo y vuelvo otra vez.

Alejandra Rozas - Taller de la Luna


octubre 18, 2021

Tu tatuaje me mira

 

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La primera ilustración tembló y se animó. Los hombrecitos y mujercitas que habitaban su antebrazo se desperezaron tímidamente y comenzaron a pestañear, enviando brillitos plateados y dorados por fuera del cuerpo del sujeto, por lo que pude jugar unos segundos con mis dedos a intentar atraparlos hasta que desaparecieron. Se escapaban como las burbujas que también intentan evitar ser cazadas. Y eso fue lo que vi en sus pequeñas miradas. Tan pequeñas como un par de mostacillas diminutas, o incluso más, también doradas, también plateadas. Vi ese mar revuelto que desprenden las miradas que piden ayuda para escapar, para salir del pozo oscuro y frío en el que se encuentran. Los colores refulgentes y vívidos que los pintaban, no transmitían lo que sí decían sus miradas.
Y pedían mi ayuda. ¿A quién más? Me giré por las dudas, por si había otro que ocupara mi lugar, ese lugar de héroe que siempre había pretendido pero, también, del cual siempre me había excusado. Pero en ese momento, no había nadie más que yo. Y sé bien que me miraban a mí.
Inspiré, no sin miedo, no sin temor, algo tembloroso y sudoroso. Exhalé resignado y di un paso al frente para así, finalmente, ocupar mi lugar de héroe. Extendí mi mano y luego mi dedo índice hasta tocar la piel del antebrazo.
Por eso te cuento esta historia, para que sepas lo que yo no supe a tiempo. Pero aún así, te pregunto: ¿extenderías tu mano para ayudarnos a escapar de este cuerpo?

Karina Zangaro - Taller del Mate


octubre 11, 2021

Los panes de mi abuela

 

anciana amasando pan
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Iba y venía mi abuela cuando tocaba hacer el pan, se le volaban las cimpas grises que se desbordaban por sobre los hombros y llegaban hasta las caderas. Iba y venía con su batón oscuro de flores que apenas se dejaban adivinar, nunca llevaba colores brillantes porque ella era viuda y por respeto al finado, solo vestía colores tristes.
Prendía el fuego, para que se vayan haciendo las brasas. El horno, parecía una enorme tortuga de barro, que reposaba en el fondo de la casa, mucho antes del cañaveral. A los costados estaba la leña acomodada que esperaba la horneada semanal con complacencia. 
Buscaba los ingredientes en la casa, hacía una montaña de harina que sacaba de una bolsa de arpillera y la ahuecaba en el medio, le agregaba levadura, que tenía guardada de una amasada anterior, un poco de sal, agua, y el chicharrón que chillaba en el fuego. 
Amasaba el pan en la mesa celeste y descascarada, dentro de la vieja cocina de adobe y techo de paja. Desde muy temprano, sus arrugadas manos comenzaban con la tarea y los rayitos de sol que entraban por la diminuta ventana, dejaban ver rezagos de harina suspendidos en el aire. 
Sus ojos redondos y chiquitos se iluminaban y sus manos parecía estar tocando el piano al cocinar, ella esgrimía con la destreza de un samurai, el palo de amasar para hacerme los Guanacos de pan que a mí tanto me gustaban. 
Espectadora silenciosa de una tradición añeja, mi mayor alegría llegaba cuando me daba un pedazo de masa y me enseñaba como hacer un Guanaco, con esa tranquilidad que solo tienen las abuelas. 

Rita Lugones, Taller de la Luna