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julio 28, 2022

Para seguir al pie de la letra

 

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La receta es muy complicada, así que trate seguir las indicaciones al pie de la letra. Prendemos la hornalla y en una olla echamos 35 litros de agua, 20 kilos de carbono y amasamos.

Agregamos un frasco entero de emociones felices e, instantáneamente, agregamos media cuchara de decepción. Si es posible que sean emociones y decepciones cultivadas por uno mismo, las que se consiguen en supermercados tienen muchos conservantes y aderezos falsos. Pero si conoces a algún distribuidor confiable, cómprale a él.

Después agregamos hojas azul esperanza en una olla y las hacemos hervir hasta que nos quede un caldo y las hojas se deshagan con el agua.

Agregamos el caldo de la esperanza a la masa y seguimos revolviendo.

Frutos secos y normales directos del jardín de las ideas. Los secos los molemos en un mortero, los otros los cortamos como queramos y lo agregamos a la mezcla. Seguimos batiendo el preparado.


Agregamos ingredientes técnicos como lo son:

4 litros de amoniaco

1,5 kilogramos de cal viva

800 gramos de fósforo

250 gramos de sal


Empezamos a mezclar y ahora la cosa se nos va a poner un poco gris… está bien, nada más hay que agregarle color.

Cortamos ramitas de voluntad y pasión, con 3 o 4 de cada va a ir bien.

NO AGREGAR DE MÁS, NI DE MENOS. Se pueden conseguir muy fácil en los árboles de cualquier plaza. O se los puede comprar a los apicultores de las abejus laboriosus.  

Podemos agregar un colorante a elección. Acá van algunos ejemplos: blanco ingenuo, rojo enojado, amarillo soñador, verde estoico, etc.


Agregamos los siguientes componentes sin importar el orden;

100 gramos de salitre

80 gramos de azufre

7,5 gramos de flúor

5 gramos de hierro

3 gramos de silicio


Podés agregarle una barra de rebeldía o unas tres gotas de sumisión destilada. La calidad no varía según el distribuidor, así que no es importante darle vueltas al asunto. Si agregas los dos ingredientes, el último que agregues invalidará los efectos del primero, por lo tanto, ambas sustancias no pueden convivir en el preparado.

Seguimos batiendo y amasando hasta que comience a moverse y a salir espuma o burbujas. Ahí lo tapamos y esperamos 25 horas.

Ya tiene una persona lista para lo que necesite.


Nicolás Fortunato - Taller El Megáfono al Sol



julio 27, 2022

Huellas en el desierto, de Gabriela Margall

 Por Romina Gil (Taller de la Luna)



Título: Huellas en el desierto
Autora: Gabriela Margall
Editorial: Vergara
Páginas: 240
Año: 2017

Huellas en el desierto nos cuenta la historia de amor entre la escritora Agatha Christie (¡sí, la creadora de Hércules Poirot!) y el arqueólogo Max Mallowan. A medida que pasamos las páginas, vamos siendo testigos de cómo se conocieron y cómo fue creciendo el amor entre ambos. Al principio ella estaba un poco reticente, el hecho de estar divorciada de su primer marido y ser quince años mayor que él, la hacían sentir confudida. Pero luego se deja llevar y acepta sus propios sentimientos.
Este libro es, además, un viaje por el desierto del sur de Irak, lugar al que ella va invitada por un matrimonio amigo, un arqueólogo y una ilustradora, quienes le presentan a Max. 
Una perlita: Gabriela Margall nos cuenta, como al pasar, qué hacía Agatha Christie a la hora de escribir sus historias, cómo ideaba la trama de misterio que caracteriza a su literatura y en qué se inspiraba para crear a sus personajes (si Agatha fuera una compañera nuestra del taller, seguro que todo esto saldría publicado en la sección "rituales de escritura"). A lo largo del libro aparecen los títulos de las obras escritas en esa época (década del 30), así nos enteramos que, por ejemplo, Asesinato en el Oriente Express fue inspirado durante ese viaje.
Huellas en el desierto es un libro entretenido, ágil de leer, ideal para salir de un bloqueo lector o mechar entre libros con temáticas más profundas.
Personalmente, no he leído ningún libro de Agatha Christie, pero ahora se me despertó la curiosidad. ¿Por cuál empiezo?


julio 25, 2022

Relámpago

 

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Cerré los ojos, primero suave, después fuerte apretando las lágrimas y tratando de no enumerar los errores…. Cada uno llegaba como un relámpago enceguecedor, no ver… no pensar.
Aquello que fue señal de felicidad hoy es marca de desdicha.
Los fantasmas esparcidos por la casa, traen una y otra vez recuerdos que intentan justificar el final. Anika ladra, entra y sale enérgicamente, intentando inútilmente llamar la atención. 
La realidad se amontona en la garganta cayendo de boca en su boca, impidiendo el lamento sanador.
El diafragma se contrae y empuja hacia abajo, pero no hay aire, solo dolor. Es parte del ejercicio del adiós. 
Alternando con la idea de que ganar es tan fácil, que la ilusión es genuina, que no existe la contradicción para sentir, que la siguiente vez pedirá permiso, que es lo merecido, que es lo no deseado, voy cerrando pasados turbulentos.
Y así entre la insania de ser feliz y lo irracional de la soledad confecciono un ritual de regeneración, que me permita volver a mí.

Alejandra Rozas - Taller de la Luna


julio 21, 2022

Mermelada de naranjas

 

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No me gusta la mermelada de naranjas ¡es muy ácida!, la de durazno, damascos o hasta una de peras puede ser, pero de naranja no. Esa siempre era mi respuesta cada vez que mamá compraba precisamente la mermelada que no me gustaba, ella decía que era un capricho y puede ser que así fuera, pero yo lo sostenía con orgullo. Hasta que un día apareció la tía Chola, les aclaro que no es una tía más, para mí ella era “LA TIA”, será porque me malcriaba, me daba todos los gustos, la que siempre tenía tiempo para escucharme, la que cambiaba el menú a mi antojo y tenía un chocolate Biznike guardado para sorprenderme. Todo lo que ella decía para mí era palabra santa. Esa tarde, al llegar de la escuela, me esperó con la merienda como tantas veces, pero en esta oportunidad cuando llegué me dijo: Mirá que rica mermelada de naranjas te preparé, ¿sentís el aroma que quedó en la casa? Fijate que color brillante tiene, te hice tostadas para que la pruebes ¡te va a encantar! No sabía cómo decirle que no, ella la había preparado con tanto amor como todo lo que hacía siempre. Pero junté coraje y hablando bajito como disculpándome le dije que no me gustaba (muchos años después me enteré de que ella ya lo sabía) pero en ese momento sentí que se me partía el corazón por despreciar su merienda. Mi tía era muy sabia y me conocía más que nadie,  me dijo que no era cualquier mermelada, ésta era única porque estaba hecha por ella, porque había elegido minuciosamente cada fruta y además le había agregado un ingrediente especial, que estaba segura que me iba a gustar muchísimo, al escucharla se activó mi curiosidad por conocer ese ingrediente secreto y comencé a tirar opciones para ver si adivinaba, no acerté con ninguna, al preguntarle por enésima vez, me comentó que estuvo varias horas al fuego atenta revolviendo para que no se perdiera nada en la cocción y que la forma más fácil de develar el misterio era sólo probar un poquito de su mermelada mágica. Al principio me rehusé, ella sabía que no iba a aguantar mucho tiempo, que mi ansiedad me ganaría y que al menos una cucharadita llegaría a mi boca. Así sucedió, me dijo que cuando la probara pensara que la había hecho especialmente para mí y debo confesar que me encantó su sabor, para nada ácido como yo lo imaginaba. Cuando se lo dije, me sonrió con una sonrisa de esas que acarician, conociendo de antemano mi respuesta. Le pregunté que había usado para lograr que la mermelada de naranja me gustara, tenía que saber cuál era ese ingrediente secreto. Entonces, me contó que esa receta se la enseñó su madre hacía muchísimos años cuando ella tenía mi edad y ahora era el momento justo que yo la aprendiera también, la receta tiene: 4 naranjas, 1 manzana, 1 limón, azúcar y agua.

Me sentí un poco decepcionada, no veía ningún ingrediente fuera de lo común, su respuesta a mi gesto desilusionado fue, es el amor con el que me dedique a hacerla, estoy segura que cada vez que la prepares, recordarás este día y lo especial que sos para mí…

Pasaron muchos años, jamás olvide la receta que nunca fue escrita, ni la dulce sensación del sabor al probarla ese día, ni las palabras amorosas de mi tía.

Cada tanto, mi casa se llena de ese aroma particular, dedico esas horas a cuidar su cocción con esmero para que esas personas elegidas que prueben la mermelada de naranjas, sepan lo especiales que son para mí y me den la oportunidad de contar esta historia.


Laura Martínez - Taller del Mate