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julio 31, 2021

Antonia, una sinfonía. Reseña por Charlybicen (Taller del Mate)

En esta nueva entrega de sábados pochocleros presentamos una recomendación de Charly. Nos dice que pueden encontrar esta peli en Netflix. ¡A preparar el pochoclo!


Título original: The Dirigent

Año: 2018

Duración: 137 min.

País: Países Bajos (Holanda)

Lenguaje: Inglés

Dirección y Guión: María Peters

Música: Quinten Schram, Bob Zimmerman

Fotografía: Rolf Dekens

Reparto: Christanne de Bruijn, Benjamin Wainwright, Scott Turner Schofield.

Género: Drama | Música.




Antonia Brico sueña con convertirse en una directora de orquesta, pero nadie la tiene en cuenta por ser una mujer

Con este personaje real, podría hacerse una mejor película. Tiene un gran valor por dar a conocer la lucha de una mujer por cumplir su sueño, en un mundo machista que la menosprecia. Una mujer que amaba la música y creía en sus posibilidades. La película está llena de amor, de música, de encuentros y desencuentros, de búsqueda de identidades y sorpresas. Tiene momentos duros y amorosos, cómo la vida. Una película que muestra y entonces enseña. Muy linda, que la disfruten cómo yo lo hice. La pueden ver por Netflix.

Charlybicen


julio 29, 2021

Nuestros lectores escriben: Para que sepan de mí

 Hola, acá estamos nuevamente acercando la resolución de la consigna # 12. Les recordamos que el disparador fue un poema de Laura Devetach, "Para que sepan de mí". Vean, una vez  más, cuánta belleza.



 

Rita Lugones

Digo silencio, digo amor

sin celos ni grilletes.

Digo sonrisa que atesora sueños

como la tierra semillas

bajo las hojas secas del otoño

bajo la escarcha invernal de nuevos amaneceres

esperando, siempre esperando

rayos de primavera.

Me como las penas y mastico el llanto.

Disfrazo las canas,

tiño miserias,

reciclo,

cartonera de la vida.

Devoro las ansias la desesperación, el miedo

así como pinto cuadros botellas y frascos.

Digo camino y ando, todavía ando.

callo las penas que traen las piedras,

disfrazo las heridas de mis pies descalzos.

Nací mujer en este mundo

y esa es la madre

de todas las luchas.

 

julio 26, 2021

Esa noche, de Liliana Espisle

En nuestros textos para convidar hoy presentamos a Liliana Espisle, del Taller del Mate. Lo que van a leer es el resultado de una consigna de escritura, en la que el disparador fue un microrrelato de Antonio Skármeta: "¿Y qué pretendes? ¿Que viva desnudo en el tejado?". Pasen y lean. No se pierdan esta maravilla de Lili. 


¿Y qué pretendes?

                                                                                    ¿Que viva desnudo en el tejado?

                                                                                    Antonio Skármeta

 

Esa noche que regresamos a casa tomados de la mano, caminando en silencio y respirándonos el deseo. Esa misma noche debí contarte.

Apenas visible... amparado en la ausencia de estrellas. Ahí estaba.

No, no lo soñé, ahora se que lo vi.

No me atemorizó, lo sentí cercano.

Vino a mis sueños envolviéndome en su halo blanquecino de humo y nube, y acunándome en sus blandas ausencias de formas reales, así me fue poseyendo.

Absorbió mi voluntad, mis ganas, mi vida plena.

Un único y oscuro deseo me albergó desde esa primera noche. Solo quise dormir para tenerlo a mi lado.

Solo lo deseé.

Resumido todo en un vital instante, el de estar unidos en su helado abrazo.

Interminables y tediosas horas del día. Anhelantes minutos de oscuridad deshojaban mi existencia.

Habité mi cuerpo sintiéndome ausente, alejada de mí misma. Extraña en tus manos, tus ojos y extraña en tu clara mirada.

Esa primera noche debí contarte.

No, no me voy para siempre. No corras al tejado buscándome. No te ampares en la oscuridad, no hace falta. Yo vendré y seré también fantasma.




julio 24, 2021

Para que sepan de mí - Consigna de escritura # 12

 

😉Hoy les traigo este poema de la escritora argentina Laura Devetach. Lo extraje del libro que lleva el mismo nombre y la consigna es justamente esa.

¿Qué dirían, qué callarían, qué disfrazarían? Escriban con ese disparador: Para que sepan de mí.🍀

 

Para que sepan de mí

Laura Devetach

  

Soy mujer de buena voluntad

mucho trabajo

variadas noches sin sueño

y carencia total de aburrimiento.

Estoy al margen del margen

porque no ando merodeando puertas.

Podría decir que estoy bien así

muy bien

y ustedes

bien gracias

y bien también la familia

pero no sería cierto.

Miento solo por piedad

o por terror

y este no es el caso.

Soy loba, hambre, beso de amor

para morder a fondo

el sentido de las cosas

y solo brizna para soportar esta manera

de andar andando.

Aprendí a callar

a llevar con disimulo

ciertas tristezas

a romperme por dentro

y a recomponerme por dentro

y a recomponer mis partes

a fabricar juguetes nuevos

con pedazos viejos

Y acumular con avaricia

el único capital

que merece mi fe

la fuerza del amor

que me das

que me dan

que me quitan

y que estoy dando

para tirar hacia delante

aquí

ahora

hace ya millones de siglos

desde este margen sin remedio.

 

julio 19, 2021

Marionetas: nuestrxs lectorxs escriben

 Hola! Les dejamos por aquí la resolución de la consigna del viernes anterior. Nos demoramos un poquito porque la vida misma... ¡¡¡Pasen y lean!!!



Belén Luraschi

El espejo

Sonó la alarma y me refregué los ojos, como de costumbre, había dormido pésimo. Manoteo la mesita, prendo la luz y no entendía bien donde estaba, era mí casa si, pero todo muy oscuro, y claro, si estamos en pleno invierno. Cada vez más cortos los días, más fríos, más grises. Camino entredormida hacia el baño, ni me gasto en prender la luz grande, demasiado sueño para eso todavía. Era corto el camino, pero se me hizo pesado, me costaba moverme, me sentía un tanto rígida, como contracturada, cargada, acartonada. Llego el baño y, ahora sí, prendo la luz, quedo de frente al espejo y me miro. Me miro, sí, pero no me veo. Una criatura en el espejo, en silencio, contenida. Un rostro rígido, acartonado, una cara sin rostro, un cuerpo de madera. Un espejo que ya no replicaba la vida, más bien la duplicaba, porque así me sentía yo agobiada, dura, pesada. Una criatura que me representaba más que a mí misma. Un instante de la cotidianidad congelado en el tiempo, un tiempo que parecía romperse porque el espacio , dividido por un delgado vidrio, me separaba a mi de la criatura que me imitaba. Pero tal vez no me imitaba, tal vez, solo tal vez, me mostraba quien era, me hacía detenerme en mi interior, cuestionarme mis cargas, mis estructuras y me interpelaba para que avance, para que intente arrojarme y dejarme ser. Después del impacto inicial me quedé observándola un momento, casi meditando, pero no se movía, ahí estaba, como un muñeco, como una marioneta de madera esperando por su dueño a ser manipulada. Decidí dar un paso al frente, tratar de comunicarme de alguna forma, de decirle que me representaba, que la entendía, que iba a ayudar. Y ahí si, la marioneta se movió, se movió casualmente, o más bien causalmente, del mismo modo en que yo me moví. Es que la criatura no me estaba representando, la criatura simplemente era yo. El espejo solo había venido a recordarme quien era, a hacerme entender en qué me había convertido, con mis decisiones, mis rispideces, mis cuestionamientos, mis flagelos, mis angustias, mis enojos, mis vanas entregas, mis exigencias, mis fallas. Mi falla. Porque con tanta rigidez, la rigidez que da la madera, por más que tenía muy pequeñas articulaciones, solo me forzaba, me tironeaba y me fallaba a mi misma. Y me lleve la mano a la cara y me acaricie los labios, las comisuras, la nariz, las pestañas, pero no estaban, no había nada ahí, tal vez nunca habían estado, tal vez me concentre tanto en demostrarme que no las mostraba, tal vez fueron desapareciendo, tal vez fui desapareciendo, tal vez me había vuelto esta criatura rígida y pesada tan gradualmente que no vi lo que perdía. Lo más importante perdía, me perdía a mi. Pero tal vez tuve que despertarme así, con la alarma, del más profundo de los sueños, para acordarme de quién era, para volver a tener ganas únicamente de volver a ser quien soy, para dejar de exigirme y empezar a escucharme, a verme a sentirme, para soltarme. Sentí unas profundas ganas de salir de ese cuerpo, de dejar esa criatura de madera, de dejar las estructuras, las contracturas, los pensamientos pesados, esa alma vieja, casi de cartón. Y no quise verla más, apague la luz, y se apagó el reflejo, y se desvaneció la más horrible de las figuras, yo, el yo en que nadie más que yo me convertí. Y me invadió una enorme oscuridad y un enorme alivio y en ese momento, finalmente se desvaneció. Me desvanecí. Y me soltó. Y la solté. Y la alarma sonó. Hoy iba a ser el primer día de mi vida, un día para mí, para disfrutar, sonreír, soñar, para soltar, para mí, para ser quien soy. Y manoteé la alarma y la apagué. Y esta vez prendí todas las luces y corrí al baño, corrí para saludar a la criatura, para abrazarla, si aún estaba ahí, pero ya no estaba. Solo mis ojos, mi boca, mis brazos, mi nariz, mis labios, los de siempre. Y disfrute ver cada centímetro de mi, de quién era. Abracé a esta nueva criatura de carne y hueso, y por primera vez, en toda mi vida, le sonreí.