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marzo 14, 2022

La sed en la sangre

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     Mi padre bebía siempre, desde las doce del mediodía hasta las diez de la noche. Se acostaba temprano. Y al día siguiente la adicción que tenía por el alcohol lo volvía a tentar. 
    Varios días volvía a cualquier hora y le gritaba barbaridades a mi madre hasta rompía vasos y platos, parecía otra persona. Nunca supe cuándo comenzó su problema de sed por el alcohol, desde que tengo recuerdos tuvo este tipo de episodios. 
    Una vez desapareció por tres días, llamamos a su trabajo, pero sus compañeros no lo habían visto. Mi mamá fue a hacer la denuncia a la policía, pero no se la quisieron tomar. Apareció con la ropa rota, el ojo morado y un zapato menos. No se acordaba donde había estado. Mi madre no le habló por un mes. 
    Según mi mamá era hereditario, su abuelo también era borracho, su padre también y él fue criado por ellos. Tenía la sed en las venas y esa sed lo llevaría hasta la muerte. 

Ariadna Boza - Taller de la Luna

marzo 08, 2022

Rituales de escritura: Gladys Di Salvo

el escritorio de Gladys

Escribo en mis cuadernos cualquier idea que me gusta, una palabra, una frase; después, cuando me siento a escribir una historia, un cuento o un poema, recurro a esos cuadernos y busco algo que pueda servirme.
Trabajo con la compu en mi escritorio o en mi mesa del comedor. A veces a mi alrededor está el termo, el mate, una taza de café y yo escribo como si fuera una escritora famosa.
Otras veces escribo en mis cuadernos de escritura, me gusta escribir a mano, subrayar frases, o escribir con lapiceras de colores.
Tengo un grupo de whatsapp conmigo misma, o sea, soy la única integrante y cuando se me ocurre algo y estoy con el celu, lo escribo en el whatsapp y me lo mandó a mi grupo donde existo yo sola. Se llama Escrituras intermedias. Sea la hora que sea puedo mandarme un mensaje cuando se me ocurre algo para mis cuentos.
Cuando no se me ocurre nada no me obligo a escribir, o dejo que el momento pase, o me siento a leer un libro, y en algunas ocasiones después de leer llega una idea.
Tengo unos cuadernos de escritura con consignas que me parecen interesantes para practicar y escribir.
Hay días en que se me ocurren muchas historias, mientras cocino, mientras paseo, pero nunca llegan al papel, sólo quedan en mi mente.
Después de escribir un texto, lo dejo y al otro día o varios días después, lo vuelvo a leer para corregir. También lo leo en voz alta para escuchar como quedó. Me cuesta hacer eso, porque quiero escribirlo y que de una vez quede bien.
Tengo que practicar la paciencia y bajar la ansiedad, para lograr escribir cada vez mejor.



marzo 07, 2022

Mi reflejo

 

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    Estaba perdida en la ciudad Blanca, la llamé así porque ahí todo era blanco y reluciente, brillaba como reflejo del sol en un espejo. Solo había castillos con escaleras de mármol y detalles en dorado. Entré a uno de los castillos, en su interior había esculturas de yeso, perfectamente construidas. Algunas eran de reconocidos escultores, otras escenas mitológicas de dioses. 
    Transitaba sobre el piso de tablero de ajedrez, solo había esculturas y miraba una por una. Hasta que en el fondo del castillo encontré un espejo, esos típicos de épocas victorianas, enorme con detalles dorados de flores de primavera. Toqué suavemente esos ornamentos, y luego me deslicé al cristal donde veía mi reflejo, con mi cabello suelto y un vestido en forma de corsé blanco. En el fondo veía todas las esculturas y las paredes blancas relucientes, hasta que apoyé mi mano sobre el cristal. 
En un abrir y cerrar de ojos, me encontraba del otro lado del espejo, solo se reflejaba el interior del castillo. Me di vuelta y vi varios espejos a mi alrededor. De repente una voz desconocida que salía de mi interior, me dijo: “solo tienes una salida”. 
    Me desesperé en la claustrofobia del lugar cerrado donde estaba mi reflejo multiplicado en infinitos espejos. Fui al primer espejo, desesperada por encontrar la salida, y apenas lo toqué se rompió en varias piezas.
    Fui directo a otro extremo, lo volví a tocar y mi reflejo se empezó a reír a carcajadas, cobró vida de otra forma que no era lo que sentía en ese momento. Busqué otro espejo, en medio de la desesperación por querer escapar y apenas me apoyé se volvió como una televisión sin señal: era una pantalla. 
    Solo quedaban dos espejos, ubicados en el medio se veía mi reflejo partido, lado izquierdo y lado derecho. Volvió a aparecer la voz y me dijo: “solo tienes una oportunidad y uno es la salida, si te equivocás quedas atrapada en esta habitación”. Empecé a transpirar y fui engañada por esa voz, se sabía que iba a terminar con solo dos espejos. Fui parte de su juego y recién en ese momento entré en razón. Traté de tranquilizarme y usar mi intuición para ver cuál era la salida. Miré en detalle cada espejo: lucían exactamente iguales, hasta que, al bajar la mirada, noté que el espejo izquierdo estaba rajado en la punta. Me di cuenta que era un espejo real y no era la salida. Apunté al derecho y traspasé a un bosque encantado.
    El bosque lleno de flores rosas, árboles de altura infinita, me rodeaba y con una suave brisa que volaba mi cabello y mi vestido. Hasta que una figura invisible, exactamente con mi silueta se ubicó frente a mí, solo que levitaba sobre el pasto. Levanté la mano, y la figura recreaba todo movimiento que hacía, no entendí cuál era el mensaje que me quería transmitir y decidí correr hacia ella. De repente me empecé a desplazar por el bosque con un aura llena de luz y caímos sobre un precipicio. A medida que me acercaba a la laguna con el agua cristalina, proyectaba mi reflejo. Casi en sus profundidades, el agua estaba muy fría, y nadé. Podía respirar normal, no como cuando estás en el agua. Peces de colores me rodeaban y pensé que cada lugar tenía una salida, y nadé para buscarla. 
    En sus profundidades, encontré un barco abandonado, lleno de algas marinas abrazándolo, pero dentro del barco había una luz que brillaba. Decidí buscar esa luz, y venía de un espejo, enseguida me dediqué a apoyarme en él. 
    Me desperté en mi cama, envuelta en sábanas blancas y perfumadas. En mi mano derecha tenía un pedazo de espejo. Lo coloqué frente a mí y solo llegaba a ver la mitad de mi rostro hasta el ojo derecho de mi reflejo. Entonces, me guiñó…

Belén Eransus - Taller El megáfono al sol


marzo 02, 2022

Violeta, de Isabel Allende

por Romina Gil (Taller de la Luna)




"El viaje de la vida se hace de largos trechos tediosos, paso a paso, día a día, sin que suceda nada impactante, pero la memoria se hace con los acontecimientos inesperados que marcan el trayecto".

Violeta llegó a este mundo con la pandemia de la fiebre española en 1920 y se fue con la pandemia de coronavirus en 2020. En el medio, cien años de vida.
La protagonista va contando su propia historia en una extensa carta que le escribe a Camilo (de a poco iremos descubriendo el vínculo que los une), donde no se guarda nada: le habla sobre la familia, el amor y la pasión, las clases sociales, la amistad, la vida en el campo y en la ciudad, el rol de la mujer y el feminismo a lo largo de los años, los negocios y el dinero, las guerras, la dictadura militar y la democracia, el sexo y las adicciones. 
Isabel Allende tiene una manera de narrar que lleva al lector por una montaña rusa de emociones; cuesta soltar el libro, siempre se quiere leer un capítulo más para ver qué pasa, cómo sigue la historia. Imposible no empatizar con los personajes, muy queribles y entrañables todos, desde el más inocente y tierno hasta el que más hace sufrir a Violeta.
Un libro recomendable, que se lee de un tirón (o dos) y que muy difícilmente se pueda olvidar.