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julio 18, 2022

Un invierno en primavera

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Despierto. Mis párpados abotagados, tardan en abrirse. Quizás no quieran hacerlo. Apenas entreabiertos velados por espesas pestañas, ven el sol colarse por las hendijas. Es una mañana de primavera y la suave brisa trae el perfume de los azahares y el trino de los pájaros. El cuerpo me pesa. ¿Existe algo más vivificante que un día de primavera? Sin embargo… Algo me detiene, me amarra a esta cama. Una bruma espesa de tristeza me envuelve.  Seguramente ahí fuera está el sol jugueteando entre las hojas de los árboles y el verde se tiñe de amarillos y naranjas.

Ayer fue un día difícil. La esperanza se puso su traje de superhéroe para vencer a la muerte y no funcionó. No pudo detener tu agonía. La soledad me envolvió, me abrazó hasta quitarme el aliento. ¿Cómo podría habitar mis días sin tu presencia silenciosa? Las fuerzas me abandonaron y casi como un despojo, me tiré en la cama, cerré los ojos, esperando que el sueño me sorprenda mientras los recuerdos se agolpaban, en la convicción de que no querría caminar sobre tus huellas dormidas y allí me quedaría, simplemente recordando.

En el aire resuena el golpeteo de la pala abriendo la tierra. Todo se tiñe de gris. No quiero ver, no quiero sentir, quiero quedarme aquí, mirando el cielo desde mi ventana, sólo eso y nada más.

Mientras miro el cielo, lentamente algo me impulsa a incorporarme y me reflejo en el espejo. Escucho pasos, voces y unos ojos de mar y cielo que me miran con pena. Desato mis ataduras, atravieso la bruma, salto de la cama, recojo mi pelo, elijo mi ropa y una fuerza inesperada asoma en mi mirar. La vida espera y yo aún puedo con ella. 


Claudia Velázquez - Taller del Mate



julio 14, 2022

La torta de ricota de Doña Juana

 

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Hace un par de meses salí a hacer compras y en mi puerta me crucé con Marta. Entre saludos y disculpames, me pidió la receta de la torta de ricota de mi mamá. Le dije que después se la pasaba.
Una semana después, la encontré en la parada del colectivo. Su pedido fue el mismo y mi respuesta también.
Al mes, aproximadamente, de esos cruces vecinales, fui al almacén y allí estaba Marta. Entre risas y sonrojos le dije que ya se la escribía en un papelito.
Las cosas importantes se escriben en papelitos.
En ese papelito escribí la receta de la torta de ricota de mi mamá. Era la más popular del barrio (su torta de ricota) (y mi mamá también). Era el peaje que pagaba para ir a los cumpleaños, casamientos, bautismos, y todos los etcéteras que se te ocurran .
Ahora la hago yo. Me apropié de esa parte de la herencia, la culinaria, de "Doña Juana".
 
Pones en la mesa dos tazas de harina leudante y una de Maizena en forma de corona. Las tazas son los jarros que se usan para el desayuno, no las chicas de té.
En el centro colocas casi doscientos gramos de manteca blanda, la aflojas un poco con la mano y le agregas una taza escasa de azúcar, lo seguís mezclando y le incorporas dos huevos y una clara, esencia de vainilla y ralladura de lo que te guste, limón o naranja.
Cuando juntaste todo lo del medio, le vas incorporando la harina de alrededor sin amasar demasiado.
Mi mamá la dejaba sobre la mesa mientras preparaba el relleno, yo la guardo en la heladera.
Colocas en un recipiente novecientos gramos de ricota, tres cuartos de taza de azúcar, lo que te quedó del paquete de manteca, esencia, ralladura, mezclás y probás. Si está a tu gusto le agregas una yema.
Lo demás, ya lo sabés. Separas en dos partes la masa, colocas en una pizzera enmantecada y enharinada la parte más grande estirada, le agregás la ricota y tapas con la otra parte.
Mi mamá decía que a los 25 minutos ya podías empezar a ver si estaba. En mi casa tarda una hora.
¿Sabés una cosa? Las últimas veces que la hizo viviendo en su casa, siempre tenía algún defecto o se olvidaba de ponerle algo. Lo que nunca le faltó fue el Amor.

Mary Brucculeri - Taller de la Luna


julio 11, 2022

Herencia

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Con el paso del tiempo

todo tiene sentido 

lo que se fue, 

es para que no sufras

lo que quedó, 

estará en mí

mientras viva.


El sonido de tu voz 

palpita en mi pecho, 

tu hablar pausado

aún me arrulla

los ángulos de tu rostro

enmarcan mi lado vulnerable

sensible y alerta.


La profundidad de tus ojos

acompañan mis noches a solas

y en un sueño te traen

hasta mí.


Tus chistes absurdos 

siguen dibujando mi risa fácil

tan parecida a la tuya.


Tus palabras (todas)

las que me enseñaste

a escuchar 

a contar

a escribir

a decir

a leer


Las que aparecen 
en hojas amarillas
en una tarjeta de cumpleaños
o un trocito de papel
las escritas en un acróstico
el día que nací.
Las que me decís a diario
en silencio
marcan el camino
que me animo a recorrer
para dejar a los míos
lo mejor que puedo.

Laura Martínez - Taller del Mate



julio 08, 2022

La pelota

  Consigna de escritura #24

Señoras y señores, ha llegado otro... ¡VIERNES DE CONSIGNA! Un disparador para dejar volar la imaginación y ponernos a escribir.
¡Que lo disfruten!