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marzo 10, 2023

El secreto mejor guardado

         Era un pueblo pequeño, todos se conocían y ellos formaban una familia perfecta.  Matrimonio en buena posición económica, una gran casa con pileta de natación y un gran parque le daba el marco para que fuese un cuadro apacible en una comarca con montañas y la playa cercana.

Allí creció la familia.  Allí eran el retrato del sueño americano de los ochenta. Ella licenciada en ciencias de la educación y él un próspero hombre de negocios. Tenían dos hijos y una hija, que para no vivir lejos habitaban la casa de enfrente, con un nieto hosco como todo adolescente y un poquito más también, por su adicción a las drogas, de la que todos luchaban para hacerlo huir de tal adicción.

De los dos hijos varones, uno era contador y el otro solía hacer malos negocios, de los que siempre lo hacía zafar su padre.

El hijo contador tenía a su vez dos hijos pequeños y el otro, separado y un tiro al aire tenía una hija discapacitada.  Tal vez su ineptitud para los negocios se debía a su preocupación por la enfermedad de Mary, su niña.

Toda calma a veces se sacude intempestivamente.  La vida familiar se alteró profundamente cuando el padre del hogar, sufrió un infarto y no pudo salir de él.  La madre al quedar sola, entrego todas las finanzas del hogar a su hijo contador.  A menudo este le recriminaba por los gastos excesivos hechos ya sea para su nieto adicto o su hijo menor, que siempre andaba de mal en peor.

 

Horror en el pueblo, espanto en la hija que descubrió el cadáver de su madre, apuñalada varias veces en un charco inmenso de sangre. Todo en orden, solo faltaban los papeles de la administración que hacía su hijo contador y el dinero en efectivo que era bastante, porque habían vendido unas tierras.  Es decir que fueron en busca de lo que estaba en la caja fuerte, nada más. Esta no estaba forzada pero era probable que la habían obligado a la víctima. Pronto la policía y los investigadores de homicidios se hicieron presentes.  Todos parecían inocentes y todos a su vez eran posibles homicidas.  Siempre se busca en casos de asesinatos en el entorno ya que la mayoría de las veces, aquí encuentran al culpable.

Hijos sorprendidos, llorosos e indignados por considerarlos sospechosos.  ¿Pero si en realidad un extraño que sabía del dinero que guardaba en su casa?  Aquí nuevamente las miradas se dirigen hacia el hijo administrador.  Solo él sabía de esto.

 Pasaron días, meses y hasta años.  El crimen fue el asesinato perfecto pues no encontraban a los culpables.  Todos los investigados tenían una coartada.

Solo el cura de ese pueblo, conocía el secreto.  Él sabía quién era el asesino.  Revelado en secreto de confesión no podía revelarlo.

La hija que descubrió el crimen no era.  Ella llegó y quedo profundamente impresionada.  Su hermano contador tenía su vida resuelta y contaba con una coartada fuerte.  Había estado en esa época en el extranjero y no podía haber contratado a un sicario porque no ganaba nada con esta muerte, más que dolor.

El cura cuando confeso al hijo menor pensó que hallaría allí al culpable pero hundido en la bebida y el dolor no parecía ser culpable.

Tampoco era el nieto… pero ¿Quién era? Se preguntaba el cura cuando entró ella y confeso lo inconfesable.  La había matado ella por venganza.  No quería su dinero pero lo llevó para que culparan a su hijo por la falta.  Ella., la muerta, siempre la denigró.  No la consideraba lo suficiente digna para su hijo.  La ex esposa del hijo menor había realizado el crimen perfecto y logro lo que deseaba.  Venganza y que dudaran de toda esa familia perfecta.  Hasta del cura se vengó confesándose con él… después de todo él también puso en duda por su religión si casarla o no.  Ahora el cura cargaba con la culpa de saber quién era el asesino y no poder contarlo.


Susana Palacios - Taller del Mate



marzo 09, 2023

Cada unx celebra el Día de los Enamorados como quiere…

 …o como puede. El Taller del Mate y el Megáfono al Sol celebraron escribiendo. Pero nada de mieles y discursos amorosos eh, no no, qué va… lo que hicimos fue leer un par de páginas del libro 100 motivos por los que una cita puede fallar y construir nuestros propios motivos. 

¡Fue muy divertido! Aquí dejamos algunos ejemplos. 



Charly Zerzer Agosti

*Invitar a subirse al auto y olvidarse que la butaca del acompañante está en el tapicero.

*Enjuagarse la boca instantes antes del encuentro y confundir el Listerine con el alcohol en gel.

*Prometer llevarla a cenar a un restaurante étnico escocés y llevarla a Mc Donald.

*Encontrarse en el lugar de la cita con la reciente ex, justamente distanciados por los celos de ella.



Laura Martínez

*La lleva a cenar pastas a un Restaurant, a él se le mancha la camisa cuando sorbe los tallarines y la invita a imitar la escena de La dama y el vagabundo.

*Ella tiene una risa tirando a carcajada de bruja y se ríe cada tres palabras que él  intenta decir.

*La lleva a pasear en auto y ella termina empujándolo hasta la estación de servicio en busca del combustible.

*La lleva a pasear en auto y terminan escuchando música mientras lo lleva la grua.


Oscar Cesareo

*La final del campeonato empieza en una hora, todavía falta que sirvan el postre, pero él, precavido, ya le pidió al mozo que sume el postre más dos cafés y traiga la cuenta.

*Ella le habla de su carta astral, mientras él piensa que solo faltan 150 kms para hacer el cambio de aceite. Ella le preguntó: ¿Intuías todo esto? 

*Él le explica los detalles de la negociación con la concesionaria de autos. Ella le recuerda: mi tía española decía “Calladito eres más guapo”.


*Él tosió con fuerza, tomó la precaución de cubrirse con un pañuelo, pero con la dentadura no pudo.


Susana Palacios

*Porque uno de los dos es más feo y desagradable de lo previsto y el otro se hace el distraído y se va

*Porque uno habla solo él sin poder callarlo. Tiene el ego tan grande que no cabe nadie más 

*Porque uno de los dos equivoco el día del encuentro


Karen Andrés

*Él le trae un regalo. Ella espera algún dulce o un peluche. Él saca de la mochila 1 kilo de naranjas

*Ella sugiere hacer algo divertido. Él la lleva a los videojuegos.

*Él la pasa a buscar en su auto. Antes de subir le pide a ella que lo empuje para poder arrancarlo. 


Romina Gil

*Se citan en la estación Devoto. Ella va a la estación del ferrocarril Urquiza. Él va a la estación del ferrocarril San Martín. 

*Él llega al bar con la madre, que justo tenía que encontrarse con una amiga en el mismo lugar.

*Ella habla y le muestra fotos de sus hijos y su mascota todo el tiempo.

*Él tiene gases y no se molesta en disimularlo.


Guadalupe Blanco

*Estás paseando por los Bosques de Palermo con tu pareja, recién curada de Gastroenterocolitis, y no se te ocurre mejor idea que comerte un helado. Terminas el rico postre al agua de limón y, minutos más tarde, se dirigen a los "patitos" a mover un poco las piernas mientras hacen un lindo recorrido por la hermosa laguna artificial. En eso, comenzás a sentirte mal. Tu estómago se revuelve y sentís un líquido caliente y ácido que sube de a poco por tu garganta. Le avisas a tu pareja de tus ganas de vomitar. Mientras salen de la fila, se te escapa un poco, manchando tu buzo blanco. Y luego, a un costado, largas todo. Con la mirada de toda la gente presente puesta en vos.


*Estás saliendo con una chica que conociste por Internet. Como buen caballero, la invitás a salir a un restaurante caro. Todo va de maravilla, ella está hermosa, la comida riquísima, y resulta ser que tienen muchas cosas en común, lo que te hace pensar en tener otra cita con ella. Llega el plato final. Un postre helado riquísimo. Una vez que lo terminan, notás que está un poco pálida. Acotás: 

—¡Que rico que estaba el postre! Me encanta como queda el maní con el chocolate.

—¿Maní? —interrumpe ella.

—Ehmm, sí.

—¡Soy alérgica al maní!


*Te pasa a buscar un chico hermoso para salir a pasear. Te avisa que está en la puerta de tu casa tocando la bocina de su auto. Te arreglas un poco el maquillaje y sales. Subí al vehículo y saludas al chico con un beso en el cachete. Él gira la llave y el auto no arranca. Gira otra vez, nada. Otra y el resultado es el mismo. Insulta por lo bajo y dice: —¿No me empujás el auto? A veces cuesta que arranque.



Liliana Taranto

*Quién no recuerda las primeras citas, la emoción del encuentro tan esperado. 

Mi primera cita tenía que ser perfecta. Me preparo para salir muy emocionada. Suena el celu.

–Disculpa, no puedo llegar, tengo una entrevista, nos vemos otro día.


*Otro día vamos a bailar con un grupo de chicos. Me puse un pantalón tan ajustado, mientras estoy bailando se revienta el cierre y me quedé en calzones frente al chico que me gustaba. Obviamente corrí desenfrenada, una situación horrible. 


*Que apuesto estás, así le dijo su madre. Iba al primer encuentro con su pareja. 

Pero aceleró un auto y lo manchó con el agua acumulada de la acera. Llamó a Laura y le contó lo que le había pasado. Nunca la volvió a ver.




marzo 07, 2023

Maxi

 ¡Hola! Me llamo Luna. ¡Qué lindo que es tu bebé! ¿Cómo se llama? A mí me gustaría tener un hermanito, pero mi mamá me dice que todavía no, que capaz algún día. ¿Es la primera vez que venís a ver a Maxi? Es re bueno, te va a gustar. A mí me gusta porque no me hace doler la panza cuando me revisa y me regala caramelos si me porto bien. A mi mamá también le gusta mucho. Mi mamá me contó que me salvó la vida cuando yo era un bebé como el tuyo. Parece que me iba a morir y él no me dejó. Vos no te preocupes, que si tu bebé se está por morir, Maxi lo va a salvar, porque es re bueno y no le gusta que se mueran los bebés. No, no vine sola, mi mamá está adentro charlando con Maxi, porque la está revisando. Mi mamá está muy enferma y Maxi la está curando. Yo estoy segura de que la va a salvar. Mi papá no sabe que mi mamá está enferma. No se lo podemos decir porque se va a preocupar. Él trabaja mucho y si se entera se va a poner muy triste. Por eso él no tiene que saber que Maxi viene a mi casa a ver a mi mamá. Se encierran un rato largo en la pieza, así la revisa más tranquilo. Yo me quedo en la cocina mirando los dibujitos. ¿Se porta bien tu bebé? Mi mamá me contó que yo me portaba muy bien, que lloraba solamente cuando quería la teta. Me parece que mi mamá está grave, porque cuando Maxi la revisa en mi casa, ella grita ay, ay, ay. Yo la escuché una vez. Me asomé por la ventana, pero no pude ver mucho porque estaba la cortina. Lo único que vi fue a Maxi haciéndole respiración boca a boca, lo sé porque lo vi en una película que estaba viendo mi abuela: se había ahogado una chica en la playa y yo pensé que el bañero le estaba dando un beso, pero mi abuela me dijo que eso se llama “respiración boca a boca” y es para despertarla del desmayo. Entonces, mi mamá se había desmayado y Maxi la estaba ayudando a despertarse. Yo no les dije que los ví, porque si mi mamá se entera me va a poner en penitencia y yo quiero seguir viendo como Maxi cura a mi mamá, porque no quiero que se muera. Cuando sea grande voy a ser doctora. ¿Te gusta dibujar? A mí sí. ¿Ves ese dibujito que está ahí colgado en la pared? Lo hice yo y se lo regalé a Maxi. Si te fijás bien, abajo de todo dice Luna. A veces Maxi viene a mi casa con Sergio. Sergio es otro doctor, especialista en la enfermedad de mi mamá. Cuando vienen, mi mamá me deja jugar con la compu. Ellos se meten en la pieza y tardan un montón. Yo quiero verlos por la ventana, pero siempre mi mamá cierra la persiana y no puedo ver nada. Pero me quedo escuchando porque quiero aprender. Sergio siempre le pregunta si le gusta y ella le dice que sí muchas veces, pero no sé de qué hablan. Capaz es algún remedio con gusto a frutilla. A mi mamá le hace bien que vengan los dos médicos, porque cuando se van ella se queda contenta: canta, me compra un helado y cuando viene mi papá de trabajar, le da muchos besos. A veces me dan ganas de decirle a mi papá que mamá está contenta porque se está curando, pero no puedo contarle nada, es un secreto. ¿Ya te vas? ¡No, no te vayas! Ahora viene Maxi, vas a ver que te va a gustar porque es re bueno. ¡Vení! ¡Quedate acá conmigo hasta que venga mi mamá!


Romina Gil - Taller El Megáfono al Sol



marzo 06, 2023

¡Volvimos!


 Marzo es sinónimo de chau vacaciones. No nos afecta, porque también es un ¡volver a los talleres! Aunque el Mate y el Megáfono se sacudieron la modorra en febrero, la Luna volvió a brillar en marzo. Ahora sí estamos todos. Nos espera un año de mucha escritura y quién sabe cuántas sorpresas más nos preparará Marcela. Estamos con mucha felicidad por habernos reencontrado y por tener siempre un motivo para seguir escribiendo.


Taller del Mate
Jueves de 09:00 a 11:00, vía Skype



Taller de la Luna
Jueves de 18:00 a 20:00, vía Skype


El Taller de la Luna se rearmó, bienvenidas todas estas mujeres que se animaron a encontrarse con la escritura 💖


Taller del Megáfono al Sol
Sábados de 10:00 a 12:00, presencial



Que tengamos un gran año.


marzo 03, 2023

Aquellos ojos negros

 Corría el año 1985 y en el pueblo hacía un calor de mil demonios. Parecía el infierno en la tierra. Susana que se había tomado una semana de vacaciones luego de cinco años de arduo trabajo, caminaba conociendo aquel pueblito olvidado por el progreso. Cuando el sol se colocó en lo alto y no había donde escapar, se refugió en la iglesia del pueblo, y aunque no era católica practicante, el edificio le pareció pintoresco y aprovecho a sacar una foto con su cámara nueva.

Cuando la máquina comenzó a retroceder la película, en señal de que ya no había más para sacar, Susana se sentó frente al altar y se apuró a callarla ya que hacía el único ruido que se escuchaba en el lugar y retumbaba en los altos arcos de la capilla.

Cuando solucionó su problema técnico, todo volvió a quedar en silencio, miró el altar y al cristo crucificado delante de ella. Sus ojos parecían traspasarla y ella se sintió incómoda, como si esa figura supiera lo que había hecho. No podía mirar más la imagen de aquel Cristo acusador. No sin antes pedir perdón.

Como si el destino le dijera que ya era tiempo de soltar ese peso que llevaba dentro, escuchó como se abría una puerta detrás del altar y aparecía con paso lento un sacerdote que aparentaba tener todos los años de la humanidad.

El anciano la miró con intriga, el conocía a todos en el pueblo y a ella era la primera vez que la veía. Rodeó los bancos y se instaló en el confesionario. ¿Que podría hacer un alma solitaria en la iglesia en un día como ese, si no era ir a confesarse?

Susana se quedó un rato sentada. No rezaba, hacía años que había dejado de ser creyente, aunque estaba bautizada y la habían hecho tomar la comunión y la confirmación. Cosas de su madre que no se perdía un domingo de misa. Con los años Susana se fue alejando de la religión ya que no entendía muchas cosas que la hicieron dudar de la fe que toda su familia practicaba. Solo entraba a las iglesias porque le gustaba su arquitectura. Así como se alejó de la religión se alejó de su familia que no aceptaba que no fuera tan devota como estaban acostumbrados. Nadie sabía que pasaba por su mente y su corazón y aun así la respuesta más fácil de la familia fue catalogarla como la oveja negra. Y así se fue alejando, sin pena ni gloria.

Luego de un rato y al ver que el cura no abandonaba su lugar. Se acercó al confesionario y le pidió permiso para entrar y confesarse. Era hora ya, y este era el lugar perfecto ya que al día siguiente viajaría de nuevo a su casa, seguiría con su vida y nunca más volvería por ese pueblo.

-Perdóneme Padre, porque he pecado – Eran las palabras que había aprendido de niña cuando iba a catecismo y al pronunciarlas ya no se sintió como esa nena que inventaba pecados para tener algo que decirle al padre. Esta vez, las palabras pesaban en su boca.

No le dijo – hice tal cosa. No, comenzó contándole desde que era niña como un resumen de su vida, como era su familia, como había sido educada, cuanto hacía que se había casado, que no tenía hijos, y así, como queriendo postergar lo inevitable. Bien podría haberse levantado e irse. Pero más allá del miedo había decidido confesar.

Me casé en 1975 – Comentó – Le aclaro que yo amo a mi marido. Bueno, por razones de trabajo tuve que viajar a Córdoba hace cinco años, y cerca de donde me hospedaba había un seminario, por lo cual la calle estaba repleta de seminaristas que iban y venían. No sé cómo ni porque me choque con uno de esos muchachos. Joven, de ojos negros de los que quedé prendada. Nos pedimos disculpas y nos pusimos a conversar. Una cosa llevo a la otra y a otra … y esa noche la pasé con él en un cuarto de hotel. ¡Nunca más lo volví a ver!  ¡Le fui infiel a mi marido y a Dios! – y rompió en un llanto ahogado, su cara se puso roja, no quería llorar, pero no podía evitarlo. No le salían más palabras era como si se hubiera vaciado y no quedara nada por decir.

Tantos años de silencio y pena, Susana muy dentro de ella, no sabía si lloraba por su infidelidad o porque nunca más volvió a ver a su seminarista de los ojos negros.


Rita Lugones - Taller de la Luna